Unificación Alemana

unificación alemana
La unificación alemana permitió un gran desarrollo económico e industrial.

Después de la derrota de Napoleón Bonaparte, las naciones vencedoras se reunieron en el Congreso de Viena (1815), el cual tenía el objetivo de rediseñar el mapa de todo el continente europeo. Como consecuencia de esta nueva configuración, la región donde es el actual territorio de Alemania se ha dividido en 38 Estados independientes.

Entre todos ellos, Austria y Prusia eran las naciones más poderosas y tenían posiciones divergentes. Mientras que Austria era un país predominantemente agrícola y no veía con buenos ojos la idea de la unificación alemana, Prusia creía que de esta forma era posible proporcionar un gran desarrollo a la región.

Un claro ejemplo de la divergencia entre los dos países fue la exclusión de Austria del “zollverein”, un acuerdo que eliminaba los aranceles, firmado entre Prusia y todos los demás Estados alemanes. En 1862, el rey de Prusia nombró a Otto Von Bismark como primer ministro, lo que fue fundamental para la unificación alemana.

Von Bismark era extremadamente nacionalista y veía el uso de la fuerza militar como principal alternativa en cualquier conflicto. La primera investidura del mismo fue la conquista de los ducados daneses de Schleswig y Holstein, ya que sus poblaciones eran predominantemente alemanas. En 1866, el primer ministro provocó un conflicto con Austria y salió vencedor. Tal victoria fue de suma importancia en ese contexto, ya que redujo la gran influencia política de los austríacos, abriendo el camino para la creación de la Confederación Germánica de los Estados del Norte.

Incluso con la unificación del Norte, los estados sureños se mantuvieron neutrales y Von Bismarck no intervino en esa situación. Para finalmente unificar todo el territorio alemán, la estrategia del primer ministro fue provocar una gran guerra e intentar despertar el espíritu nacionalista en todos los alemanes.

Francia fue el blanco, ya que era declaradamente contra tal unificación. El 1 de septiembre de 1870, los franceses fueron derrotados, obligados posteriormente a pagar una multa muy grande para los patrones de la época ya ceder la región de Alsacia-Lorena. Después de todos esos conflictos, el imperio alemán finalmente se unificó y comenzó a vivir un período de gran desarrollo económico e industrial.