Era Napoleónica

era napoleónica

Después de la desmoralización del gobierno Directorio, la burguesía francesa buscó entregar el poder a alguien lo suficientemente fuerte para terminar con las amenazas de los jacobinos y defensores del Antiguo Régimen.

Nacido en Córcega, Bonaparte era un joven general ambicioso y de gran prestigio, justamente la figura ideal que los burgueses tanto buscaban. Napoleón asumió el gobierno francés a través del Golpe de 18 de Brumario, en 1799, con la autorización de los propios políticos de la burguesía.

Al asumir el poder, Napoleón Bonaparte instituyó un nuevo modelo de organización política: el Consulado. Según la nueva Constitución, la nación francesa debería ser comandada por tres cónsules por un período de 10 años. Sin embargo, en la práctica, el poder se concentró en las manos del propio Bonaparte.

El Consulado fue un período de paz y prosperidad para Francia.

Después de estas primeras medidas, el joven cónsul percibió la necesidad de reconstruir la economía de Francia y enfrentar los diversos problemas socioeconómicos que el país pasaba. Así, Napoleón creó el Banco de Francia (1800), estimuló la industrialización y realizó importantes obras de infraestructura. Además, reanudó las relaciones con la Iglesia y firmó importantes acuerdos de paz con Austria, Rusia e Inglaterra.

Otro hecho de Bonaparte en este período fue el Código Civil Napoleónico, el cual se trataba de un conjunto de leyes que garantizaba el derecho de propiedad, prohibía la realización de huelgas y la creación de sindicatos, algo agradable a los ojos de la burguesía.

Todas estas medidas surtieron efecto, resultando en un período de estabilidad política y económica para Francia. Así, gracias a su gran popularidad, Napoleón Bonaparte fue elegido cónsul vitalicio en 1802 y emperador en 1804.

Tal fase corresponde al auge de la Era Napoleónica. Primero, Napoleón ordenó la creación de varios impuestos, dio los más altos cargos del reino a miembros de su familia y promovió la construcción de imponentes obras. En ese período, vemos claramente el perfil expansionista del emperador francés, ya que el mismo dominó casi todo el continente europeo.

La rivalidad entre Francia e Inglaterra se acentuó más aún en ese contexto, ya que los dos países eran las grandes potencias de la época. Consciente de que no sería capaz de derrotar a la poderosa marina inglesa, Napoleón creó el Bloqueo Continental, decreto que prohibía a todos los países mantener relaciones comerciales con Inglaterra.

La clara intención de Bonaparte era arruinar económicamente a los ingleses.
De hecho, el Bloqueo Continental no surtió el efecto deseado, ya que algunos países no cumplieron sus términos. Portugal, por ejemplo, era una de esas naciones, aspecto que condujo a la invasión de su territorio por las tropas francesas.

Por cierto, la invasión napoleónica de Portugal ejército fue lo que provocó la huida de la familia real a Brasil.

Rusia fue otra que desobedeció al Bloqueo Continental. Como respuesta, Napoleón invadió el territorio ruso en 1812, con 600 mil soldados. Muchos ven este conflicto como el gran error del emperador francés.

Como el territorio ruso era enorme y su invierno muy riguroso, más de 500 mil soldados franceses murieron de frío. Pocos meses después, una coalición formada por Inglaterra, Austria, Rusia y Prusia invadió Francia y derrotar a las fuerzas napoleónicas. Así, en 1813 Napoleón fue forzado a abdicar, aunque ganó el derecho de gobernar la Isla de Elba. En su lugar, colocaron a Luis XVIII en el poder.
Después de la consolidación del fin del Antiguo Régimen hecho por la Revolución Francesa, instalar nuevamente la monarquía en Francia no parecía ser una buena idea. De esta forma, a mediados de 1815, Napoleón se aprovechó de la insatisfacción del pueblo en relación al rey para asumir el mando de Francia otra vez. Sin embargo, tal gobierno sólo duró tres meses, aproximadamente.

Los países aliados se reunieron una vez más y con más de un millón de soldados derrotaron a Bonaparte de forma definitiva en la famosa Batalla de Waterloo, el 18 de junio de 1815. Tras su derrota, Napoleón fue atrapado en la Isla Santa Helena, lugar donde permaneció hasta su muerte, en 1821.